Mi nombre es Patricia, tengo 37 años y he tenido la oportunidad de trabajar con algunos jóvenes supervisando sus prácticas empresariales. En una ocasión cité a uno de esos jóvenes a mi oficina para diligenciar unos papeles, había notado sus miradas incitadoras sobre mi cuerpo, soy morena, delgada, tengo buenas piernas y unas tetas y un trasero bien parados.
Cuando Eliécer llegó a mi oficina lo hice sentar en una silla junto a mí, después de unos minutos él acercó su silla detrás de mí y pude sentir su aliento caliente sobre mi nuca y sus ojos intentando ver más allá de lo que le mostraba mi escote; en un momento puse mi mano sobre su rodilla y me confesó que no tenía ropa interior, eso me sorprendió mucho, y me condujo a ver su entrepierna intentando adivinar el tamaño de su pija.
Volví la mirada al computador intentando disimular, pero él puso su mano sobre mi rodilla, con lo cual me puse muy tensa ante la expectativa de saber que seguiría, él notó mi inquietud e inmediatamente con una mano y de manera muy rápida bajó una manga de mi blusa, comenzando a acariciar uno de mis senos, eso me comenzó a enloquecer, luego se adelantó un poco y comenzó a chuparlo, primero suavemente y después con más ansias como deseando comérselo de un solo bocado.
Yo en ese momento estaba caliente por lo que me recosté contra la silla y abrí las piernas, gesto que él aprovechó para con su mano libre llegar hasta mi concha, comenzó a cogérmela sobre el pantalón vaquero tan fuertemente que llegaba a maltratarme, en ese momento sentí un dolor muy fuerte de placer, así que decidí girarme para finalmente quedar frente a él.
En ese momento bajó la otra parte de mi blusa y comenzó a masajear, besar y chupar mis dos senos, era demasiado excitante porque la puerta de la oficina no tenía seguro así que cualquiera podría entrar y sorprendernos.
Comenzó a decirme al oído cuan grande era mi concha y cuanto me deseaba, por lo que decidí levantar mis piernas sobre los brazos de la silla, para que quedaran más abiertas y más a su disposición, él extasiado se animó a abrir la cremallera de mi pantalón y de un tirón lo dejó hasta mis rodillas.
Empezó a penetrarme con sus dedos, yo me retorcía hacia atrás de tanto placer, nunca había hecho algo tan riesgoso, si nos encontraba alguien perdería mi trabajo y mi reputación, él se reclinó sobre mí, con una mano me penetraba hasta el fondo como deseando atravesarme, con la otra por unos momentos estrujaba mis tetas mientras las chupaba, pero después las dejó sólo en su boca, para con la mano libre dejar salir su enorme pija que estaba a punto de estallar.
Yo estaba recostada sobre mi computador, con las piernas abiertas de par en par y envuelta entre el placer y el riesgo, en ese momento me vacié sobre él tres veces.
Él se hundió entre mis piernas y comenzo a chupar mi concha, luego dio mordiscos suaves sobre mi clítoris, era una mezcla entre dolor y placer que nunca había experimentado, fue increíble...
Me sentí llegar al techo de la oficina y sobrepasarlo, con mis manos hundía su cabeza entre mis piernas, como exigiéndole que no terminara, inmediatamente lo senté en la silla y me le monté encima, primero a besarlo, luego comencé a acariciarle y a jugar con su pija, larga y delgada, la cual se dejaba mover fácilmente.
Terminamos sobre la silla, saciados después de todo esto, ese día no llegó a penetrarme con su pija, pero ambos quedamos satisfechos y con ganas de repetir y mejorar la faena, el olor en la oficina era muy fuerte, en las sillas quedaron impregnados nuestros olores e incluso en el piso había líquido, creo que algunas personas que estaban por ahí se dieron cuenta por que al salir nos miraban impresionados, pero valía la pena cualquier riesgo por ese placer experimentado.
Espero que os ponga cachondos mi relato. Un beso