Recuerdo perfectamente aquel día, no ya como si fuera ayer, si no como si fuera ahora mismo.
Yo la noche anterior ya había tomado las medidas de seguridad oportunas, como lo venía haciendo desde hacía bastante tiempo.
Yo era un adultero compulsivo y un engañador cobarde y traicionero, hacia más de diez años que venía engañando a mi mujer con toda la que se ponía por delante y por detrás por supuesto, aquello ya no se podía detener, era como una ola que se inicia en alta mar y no puede pararse hasta que estrella toda su fuerza probablemente contra las piedras inertes de cualquier acantilado. Mi frustración interior y mi insatisfacción sexual ese día iban a verse amortiguadas en parte por una expectativa de sesión sexual prohibida y fuera del matrimonio (mejor dicho tumba matrimonial, que era lo que yo tenía), que me hacía sentir emoción y peligro en cada poro de mi piel... Había conocido a una chica por internet y había quedado con ella aquel día para conocernos, llevábamos más de dos meses chateando y hablando por el móvil, no se puede decir que fuese a tiro hecho, pero si que había muy buenas vibraciones.
Estaba seguro de que era una tía liberal, libre de mente y guarra en el sexo, eso era lo que yo quería, estaba más que aburrido, denostado completamente de las relaciones sexuales que mantenía con mi mujer desde hacía más de trece años y eso que últimamente había consentido en tomar pastillas y me daba el enorme placer de dejar que me corriera dentro de ella (ya ves que emoción, ella debía pensar que eso era el no va más para mi)... Por fin llegó la hora, faltaban tan solo unos minutos para estar delante de aquella desconocida chica que me subía el morbo y la incertidumbre a cotas desconocidas.
Allí estaba yo, en aquel centro comercial de aquella ciudad no importa cual, de no importa que sitio, sabía que llevaba un traje pantalón granate y que ya estaba subiendo por las escaleras mecánicas. Cuando la vi aparecer algo me recorrió todo el cuerpo, no estaba mal, no estaba nada mal, era separada, treinta y dos años, metro sesenta y cinco, quizás un pelín rellenita, pero sin pasarse, debajo de aquella camiseta blanca se adivinaban un par de tetas de impresión, labios carnosos, como solemos decir los hombres, tenía cara de mamona, el culito pino y frondoso, el pantalón rojo se le ajustaba al cuerpo y no se si fue mi imaginación, pero incluso se le marcaba por delante unos leves rasgos de su rajita, aquella rajita que yo tantas veces había imaginado después de colgar tras una conversación más o menos morbosa, lasciva o incluso algunas veces aplastantemente guarra, siempre con matices sexuales, por supuesto.
Sabía que era separada, su marido la había dejado, según ella por que era gilipollas, nunca pude contrastarlo y no me importó una mierda como comprenderéis. No podía tener hijos y le gustaba follar sin condón, por supuesto tampoco podía prescindir del placer que le proporcionaba según ella, el meterse una buena polla en la boca y no tenía ningún problema en abrir al máximo su culito para recibir cualquier embestida que hiciera falta. Todo esto lo habíamos comentado por teléfono y podéis imaginaros, (sobre todo los hombres, que saben perfectamente de lo que hablo), el morbo que me daba aquella tía, teniendo en cuenta mis legales relaciones sexuales dentro del matrimonio. (Hasta cuando leo esto último me entra yuyu).
Bueno voy a lo que importa y todos estáis deseosos de leer y yo de escribir, tomamos un café, charlamos, muy nerviosos los dos y rompimos el hielo, yo estaba deseando tirármela y presumo que ella no me hacía asco, al final nos fuimos de aquel apestoso centro comercial y paseamos, hablamos y la invité a comer, había ocasiones que notaba como mi polla estaba a punto de reventar de lo que me ponía aquella tía, se llamaba Susana, hasta el nombre era sugerente.
Comimos y bebimos y yo empecé a notar como el alcohol anchaba mis venas y mi cerebro se sentía cada vez más a gusto y decidido o no dejar pasar aquel día sin descargar mi polla todas las veces que pudiera. Salimos de comer y después de andar unos metros, nos paramos delante de la puerta de un hotel, armándome de valor y después de dar todos los rodeos posibles me atreví a decirle: Bueno Susana, ahí tenemos un hotel, ¿te gusto? ¿Quieres que pidamos una habitación? Me respondió sorprendiéndome, por supuesto que si, me gustas y tengo las bragas totalmente caladas.
Prometiéndomelas muy felices, me acerqué al recepcionista y le dije con toda la soltura que pude desarrollar Buenas tardes, desearía una habitación de matrimonio, por favor (yo siempre he sido muy educado, muy putero, pero lo cortés no quita lo valiente). Y recuerdo perfectamente que me respondió con aquella cara de envinagrado que tenía: -Lo siento señor, el Hotel esta completo, (lo dijo con rintintin, seguro que no podía evitar sentir envidia pensando, este cabrón, se lo va a pasar en grande y yo aquí jodido y aburrido). L a verdad es que el tipo no podía esconder la cara de mal follado que tenía.
Le dije entonces, ¿no tiene ninguna habitación?, ya un poco cabreado. Me contestó el cabrón.- solo nos queda una suite, pero quizá no sea lo que usted busca, mira cuando me dijo eso me cagué en su puta madre por mis adentros, no podía dejarme en feo delante de aquella chica y el capullo de él, era lo que pretendía y se aprovechó. Muy tranquilo contesté, precisamente no he querido preguntar por una suite porque no me ha parecido un hotel de tanta categoría como para tener ese tipo de servicios, démela, por favor y cóbremela ya porque no vamos a dormir aquí, solo hemos venido a follar.
Noté como mi acompañante desconcertada, se sonrojaba y el tipo de enfrente casi no podía esconder en su cara la furia que sentía, me importaba un huevo, aquel capullo no me iba a ganar a chulo. Al salir del ascensor ella iba delante, le miraba el culo y me excitaba como un colegial, llegamos a la habitación, es esa preciosa, entramos y nos empezamos a sentir mejor. Después de decir unas cuantas frases estúpidas, me lancé, la cogí por la cintura y la besé, ella no se resistió, noté como se entregaba y ella notó como mi paquete aumentaba por momentos, ahí se derrumbó, estaba frenética y le daba un poco de vergüenza mostrarlo.
Nos desnudamos como si hubiéramos estado meses en una isla desierta sin copular, cuando aquella blusa desapareció vi aquellas tetas, vaya tetas eran idóneas para una buena cubana, pero cada cosa a su tiempo.
Nos magreamos y en un momento se puso de rodillas y se comió mi polla como una posesa, era insoportable aguantar aquel placer durante mucho tiempo, cuando noté que era inminente la llegada de una corrida por mi parte, la levanté y poniéndola delante de un espejo muy bien puesto, me puse yo de rodillas y empecé a comerle la concha, tenía su coño inundado y le olía a sexo, se moría mirándome en el espejo y notando como mi lengua la volvía loca, yo notaba como emanaban fluidos de aquella fuente lujuriosa hasta que en un segundo me dijo: me voy a correr, cabrón sigue y cómemelo todo, me gusta que te lo tragues y me lo dejes bien limpio. Ya ves como si eso para mí fuera una misión imposible, noté muy bien como se corría, disfruté comiéndomelo todo y notando las contracciones explosivas que se producían en su vagina, se lo tomó con calma y cuando recuperó el aliento soltó mi cabeza de entre sus manos y me permitió retirarme.
Ahora me tocaba a mí, ella pensó que yo también quería una buena chupada, pero estaba equivocada, la tumbé en la cama boca arriba y la penetré violentamente, yo tenía la polla a reventar y como soy muy antiguo, lo primero que quería era inundarle el chochito de mi semen... Me bastaron una docena de empellones para correrme como un cerdo, yo jadeaba enloquecido y ella noté cómo se dio cuenta de que tenía sus entrañas llenas de la esencia del sexo y se ponía cachonda por momentos, volvió a correrse en dos minutos y se quedó tranquila, pensé entonces que aquella tía no era fácil de satisfacer y que tenía un coño súper prieto que me volvía loco, no había parido nunca y el hecho de no obligarme a usar condón, era algo que me ponía loco. Cuando salí de ella vi como mi polla parecía nevada, llena de la mezcla de nuestros fluidos, ella sin ninguna pereza se incorporó y se la metió en la boca y tras unas buenas lamidas, lo dejó y mirándome dijo: no hay nada como una buena limpieza de la herramienta cuando se acaba el trabajo, pero no te hagas ilusiones esto no ha hecho más que empezar.
Sentí miedo en aquel momento, mi hombría podía quedar hecha girones, pero mis temores eran infundados, un minuto después estaba chupando con ansia aquel rabo que ahora si que estaba seguro de que le gustaba. Cuando ya estaba mi verga como ella quería, me susurró: ahora destrózame el culo maricón, yo ya no sabía ni donde estaba, la volví y a cuatro patas apunté y puse lo mío hasta que vi con claridad como mi polla había desaparecido en aquel culito sin pelos y tan prieto que me daba la impresión de que mi frenillo se iba a romper.
Me di cuenta en un momento de lucidez que ella se estaba estimulando el clítoris como una posesa, tan solo me dijo: disfruta y no te corras hasta que yo te lo diga, joder, me sorprendía ¿se pensaba la tía que yo era un robot? Pero mi machito interior dijo, complácela y esfuérzate por hacer lo que te pide, no en balde yo era un jodedor experimentado a pesar del morbo que me daba aquella tía, pude controlar mi siguiente eyaculación.
Cuando ella empezó a jadear, me susurró, ¡córrete ahora cabrón!, me gusta sentir la leche masculina en todos mis agujeros. Sin pensármelo más le solté una descarga de las de campeonato como a mí me gustaba profanar todos los agujeritos que caían bajo mi dominio. Se la metí hasta adentro en medio de un espasmo y nos corrimos los dos hasta quedar destrozados y exhaustos los dos. Por supuesto después de unos minutos salí de ella y me cogió el rabo ya morcillón y me volvió a pegar una limpieza de las de aúpa. Sin terminar de limpiarla ya volví a sentir ese cosquilleo característico que se siente en los cojones cuando la excitación está a punto de invadirte. Sin mediar palabra se levantó en dirección al baño y me dijo: has estado muy bien y ahora prepárate porque te toca a ti.
Se me puso la polla dura simplemente viendo como mientras iba al baño al reflejo de la luz pude ver como sus piernas chorreaban semen que no pude evitar pensar con gozo que era mío, y aún me puso mucho más el ver que volvió sin limpiarse, adivinó lo que yo estaba pensando y me dijo: me gusta el semen y cuando estoy con un hombre jamás me ducho después.
Nada más decir esto se bajó al pilón y comenzó a mamármela despacio, pero con energía, cada vez mayor yo me moría, noté algo desconocido para mí, la tía succionada a la vez que chupaba, en un momento pensé con exageración que la tía me iba a meter la sábana de la cama por el culo de tanto succionar. Ya cuando no pude más le dije: Susana me voy a correr… Pues hazlo en mi boca cabrón. Eso ya fue demasiado, empecé a soltar leche blanca y caliente como un poseso. Ella me decía: dame una hostia, insúltame, utilízame, cabrón. Hice lo que pude y lo que me pedía, no voy a decir que no me gustó, pero todo careció de importancia hasta que comprobé como se había tragado toda la leche sin pestañear y encima la cara de satisfacción que tenía y el brillo lujurioso que aparecía en sus ojos.
Era como rozar el cielo, la tía era un cañón y me estaba dejando completamente deslechado.
Como íbamos de sorpresa en sorpresa, inmediatamente después de todo esto vi como se corría otra vez acariciándose el clítoris y relamiéndose lo que le había caído en la boca. Me quedé destrozado, ella volvió a ir al baño y se la notaba muy satisfecha aunque presentí que aquello no había terminado. Volvió del baño y casi empecé a temerla, era increíble la lujuria que veía en sus ojos y yo creo que eso mismo fue lo que me excitó nuevamente.
Se tumbó boca arriba y me pidió que me pusiera a horcajadas encima de ella, su cabeza apoyada en la almohada y engullendo de nuevo mi polla hasta dentro, fue durante un ratito un placer desconocido el que me produjo esa mamada con la polla pequeña y morcillona, hasta que claro, inevitablemente volvió a ponerse dura. Fue entonces cuando la cogió y se la metió entre aquellas tetas que imperdonablemente yo había olvidado y comenzó a hacerme una cubana de las de películas.
Tenía la polla atrapada y con la mano que le sobrada chupando su dedo corazón me lo introdujo con calma, pero con energía en el culo. Aquello era el no va más, era un placer y un vicio inusitado. Comenzó a hablar, decía guarradas maravillosas.
.-Quiero esa leche otra vez.
.-En el fondo sois todos unos maricones, como te gusta el culito.
.-Descárgame ya mamón, me vuelve loca el semen.
Yo ya estaba en la luna con esa sensación que te da el pensar que después de esto, ya me puedo morir.
Cuando solté el primer chorro ella bajó la cara y abrió la boca como si fuera una entrada del metro. No pude ver ni asimilar todo, pero si lo suficiente como para apercibirme de que al menos tres lances espesos de semen lanzados con fuerza le acertaban de lleno en aquella preciosa boca. No obstante y después de que todo terminó, disfruté viendo como se relamía las tetas de la leche que había quedado esparcida y desaprovechada, como intentando en un esfuerzo absurdo que nada quedase sin disfrutar.