Los últimos años mi marido había cambiado. No se si fueron las nuevas compañías o que pasó, pero comenzó a aficionarse a los videos “porno” que alquilaba y me hacía ver con él aunque a mí no me atraían especialmente.

Siempre fui muy tímida y recatada desde mi adolescencia, además nunca había tenido demasiadas apetencias en materia sexual, pero él comenzó a estimularme diciéndome que todos sus amigos me deseaban ya que tenía un cuerpo de hembra y que más de uno querría llevarme a la cama con él. La verdad era que cuando veíamos las películas yo pensaba que tenía mejor cuerpo que cualquiera de esas tipas y además mi cara era mucho más linda sin falsa modestia.

Para empeorarla mi marido empezó a tomar cada día más hasta acabar casi todas las noches semi borracho. Una noche en que trajo una película especialmente caliente, me pidió que bailara y me desnudara para él mientras me sacaba fotos; yo no quería que lo hiciera, pero dijo que no revelaría las fotos y se puso furioso cuando traté de negarme. Finalmente terminé haciéndole ese strip-tease para acabar bailando completamente desnuda frente a su cámara.

El me arrastró a la cama y separándome las piernas empezó a chuparme el sexo como un loco. Jamás me habían hecho algo así y mientras me penetraba con su lengua y me frotaba con ella el clítoris no podía dejar de ver esa película adonde una tipa era penetrada por tres o cuatro tipos a la vez y gozaba como una cerda caliente.

Fui excitándome más y más hasta terminar meneándome y gimiendo de placer como una perdida. Le agarraba la cabeza y se “la cogía” como una perra culeando sin poderme controlar. Cuando ya estaba así perdida de caliente él se levantó y sacando un vibrador enorme me lo dio diciéndome que quería verme haciéndome la paja con él.

Estaba tan caliente que sin poderme contener me metí ese vibrador prendido en la vagina jadeando de placer al sentirme penetrada por ese instrumento demasiado grande para mi vagina. Mientras me masturbaba enloquecida él siguió sacándome fotos y cuando ya estaba loca por completo se me acercó y me ofreció su pija que aún tenía semi fláccida y sin poderme contener me lo metí en la boca y se lo chupé desesperada sin dejar de masturbarme hasta que él acabó en mi boca y me hizo tragar todo su semen.

Entonces exploté en un tremendo orgasmo como jamás antes en mi vida tuve. Aullaba de placer y me retorcía meneándome como una perra caliente y él seguía fotografiándome gozando al verme portarme así como una ramera. Después caí semi desvanecida sobre la cama sin poder creer que hubiese podido experimentar tanto placer como lo había hecho.

Ese viernes teníamos una reunión de la empresa y mi marido apareció en casa con un vestido largo semi transparente totalmente blanco con enorme escote adelante y atrás, insistiendo además que me lo pusiera con una tanga cola less y un conjunto de portaligas y medias de encaje todos negros que cuando me lo puse se me veía claramente casi como si estuviese desnuda. Por supuesto que me negué a hacerlo, pero él se puso furioso y me obligó a usarlo e ir con él así vestida.

Cuando íbamos en el auto me decía que no daba más de ganas de verle la cara a los otros tipos cuando me vieran y que todos iban a envidiarlo por la mujer que tenía. “Además no te hagas demasiados problemas” agregó “Total varios de ellos ya vieron tus fotos desnuda y no van a ver nada nuevo” casi me muero cuando lo oí decir que había revelado mis fotos y encima que se las había mostrado a algunos de sus amigotes.

El me aseguró que solo había mostrado algunas de mis fotos desnuda, aquellas en las que no se veía absolutamente todo y que ni siquiera había revelado las otras, las más calientes en que estaba con el consolador. De todos modos me sentía muy mal al llegar a la fiesta sin poder imaginar quienes serían los que habían visto mis fotos. Realmente me sentía morir de vergüenza por la forma en que los tipos me comían con los ojos al pasar.

Roberto, uno de sus amigos que tiene fama de libertino y don Juan, me invitó a bailar con él y después de un par de piezas como hacía mucho calor me invitó a salir a la terraza a donde tomamos un par de copas. Cuando estábamos allí de repente sentí sus manos acariciarme las nalgas. Pegué un salto y le dije: si estaba loco o que le pasaba, dispuesta a marcharme en ese momento. “¡Vamos no te hagas la estrecha que te conozco bien!” me dijo Roberto dejándome helada. “Claro nena” me dijo al ver mi cara de asombro “¡Quien crees que revela las fotos que te saca tu marido bailando en pelotas y que después le muestra a todos en la oficina!” al oírlo me quería morir. “¡Además tengo las otras en las que te haces la paja con un consolador como una puta así que se bien la clase de tipa que sos y podría mostrárselas a todos para que también lo sepan!” Salí de la terraza casi corriendo sintiéndome humillada como jamás en mi vida.

Mi marido sigue con su costumbre de fotografiarme desnuda. Ahora ha comenzado a calentarme chupándome el sexo hasta hacerme perder el pudor y la cordura para después cogerme y fotografiarme mientras lo hace haciéndome ver al mismo tiempo las películas pornográficas hasta que termino completamente perdida meneándome como una perra caliente y gozando descontrolada hasta acabar como una verdadera puerca. Alguna de esas veces ha vuelto a sacar el vibrador y me hace usarlo frente a él incluso me penetra simultáneamente con el. Recién después de terminar en esos orgasmos brutales cuando recupero la cordura no puedo dejar de pensar que seguramente le llevara mis fotos a Roberto y ese cerdo disfrutara viéndome en esa situación perversa.

Anoche fuimos a cenar con los demás tipos de la empresa y después de cena seguimos a una discoteca. Por supuesto mi marido tomó tanto que estaba borracho antes de la medianoche. Cuando salimos de la disco tenía que apoyarse en mí para poder caminar y Roberto tuvo que manejar ya que el no podía ni pararse. Nos acomodamos mi marido y yo en el asiento de atrás del auto y Roberto con otro amigo adelante. Roberto propuso seguirla en su departamento y aunque yo no quería todos ignoraron mis protestas y salimos rumbo allí.

Mientras íbamos en camino mi marido empezó a meterme las manos bajo la pollera y acariciarme el sexo mientras me franeleaba la tetas y les decía a los otros que tenía la mujer más caliente de la ciudad y todos se reían haciéndome morir de vergüenza. Ya en el departamento Roberto sacó otra botella y siguieron tomando obligándome a tomar con ellos. Como no acostumbro a tomar nunca por lo que pronto se me subió el alcohol a la cabeza y me sentía muy mareada. Roberto me sacó a bailar y el otro también se nos unió mientras mi marido que ni siquiera podía estar de pie nos miraba desde el sillón, mientras bailábamos los dos empezaron a meterme las manos por todo el cuerpo y a besarme la cara y el cuello.

Yo no quería y lo miraba a mi marido pidiéndole que me sacara de esa situación, pero él estaba más excitado aún y me decía que no fuese estúpida que íbamos a pasarla bien todos. Cuando Roberto y su amigo empezaron a desprenderme la ropa me solté de ellos y me negué a seguir con ese juego. Mi marido les dijo que nos dejaran solos un rato que él iba a arreglar las cosas y me llevó con él al dormitorio. Allí me calmó diciéndome que solo íbamos a hacer el amor él y yo, que ya no me preocupara más y empezó a acariciarme y sacarme la ropa. Yo le decía que no podíamos, que en la otra habitación estaban ellos; pero él siguió hasta dejarme desnuda y empezó a besarme entera para terminar chupándome el sexo como sabe que a mí me enloquece.

Su lengua me recorría todo el sexo y frotaba mi clítoris una y otra vez para después metérseme en la vagina y revolvérmela allí adentro haciéndome gemir de placer. Ya estaba enloquecida meneándome y jadeando cuando me di cuenta de que los otros dos tipos habían entrado y estaban al lado de la cama mirándonos, los dos desnudos con sus penes erectos. Ya estaba tan caliente que no podía detenerme y no quería que acabara el placer que estaba experimentando en ese momento. En un momento el otro tipo se acercó y subiéndose a la cama me puso su pija erecta frente a la cara comenzando a pasármela por ella. Sin poderme controlar en absoluto abrí la boca y me le prendí de la pija mamándosela como una perdida mientras él me comía con los ojos y podía ver en su cara el inmenso placer que le proporcionaba al chupársela así. Entonces mi marido se levantó y lo sentí acomodárseme entre las piernas para después penetrarme brutalmente.

Cuando sentí una pija enorme dura y caliente como jamás en mi vida me habían metido me di cuenta de que ese no podía ser mi marido y al mirarlo vi que era Roberto el que me estaba cogiendo. Entraba y salía de mi vagina haciéndome delirar con su tremenda tranca caliente y dura como jamás sentí la de mi marido; ya dejé de pensar en nada y me entregué por completo gozando esa cogida sin pensar en nada.

Me meneaba como una perra caliente y ellos me bombeaban salvajemente mientras el hijo de puta de mi marido se masturbaba mirando como esos dos animales me cogían como a una ramera. Exploté en el orgasmo más brutal e intenso de toda mi vida y aullaba de placer mientras Roberto me llenaba la panza de su leche caliente y el otro me acababa en la boca haciéndome tragarme la suya. Todavía los dos terminaron de acabarme encima mojándome la cara y las tetas con la leche de ambos y yo me retorcía de placer en ese orgasmo interminable hasta quedar semi desvanecida sobre la cama gimiendo y jadeando.

Los dos tipos se limpiaron las pijas con mi ropa y siguieron tomando mientras le decían a mi marido que tenía la mejor de las putas y que esa noche íbamos a pasarla muy bien. Ya casi amanecía cuando salimos del departamento de Roberto y apenas podía caminar de la manera en que me dolía la vagina y el culo por la forma brutal en que me cogieron esos dos animales durante toda la noche sin parar. Perdí la cuenta de los orgasmos que me hicieron tener, por primera vez conocí lo que se llaman orgasmos “en cadena” que me hicieron aullar como una perra caliente.

Durante la semana siguiente ni hablamos con mi marido de lo que pasó esa noche. El sábado siguiente llegó a casa con un conjunto de portaligas y medias, una tanga cola less y un mini vestido de encaje que apenas me cubría las nalgas haciéndome ponérmelos frente a él. Después ya sabía que me llevaría de fiesta y que yo sería el plato principal para todos sus amigos.