Desde siempre la vuelta de las vacaciones de verano me deja un sabor agridulce. Por un lado, se acaba la buena vida, el sol, las chicas ligeritas de ropa y las juergas nocturnas, pero por otro lado, es la vuelta al trabajo y de nuevo vuelves ver a esas fantásticas compañeras de trabajo, musas de mis morbosas fantasías.

Con estos sentimientos afrontaba el verano pasado una nueva vuelta al trabajo. Nada más llegar el primer día, tras una primera toma de contacto con la multitud de papeles que sobresalían de mi mesa, me fui con los compañeros de sección a tomar unas cañas para poder ponernos al día de nuestras aventuras estivales. Al llegar al bar vi que, junto a mis compañeras de trabajo, había una nueva chica. Como mandan los cánones en estos casos, me acerqué a charlar con ellas, y, así, poder conocer al nuevo fichaje.

La primera impresión que tuve fue la de estar con una chica con estilo. Llevaba una blusa de color blanco sencilla, una falda de color crema que le llegaba aproximadamente hasta las rodillas y unas botas un poco más oscuras. Todo el conjunto, en su figura, se veía espléndido. Tras unos primeros instantes de besos y saludos me pude fijar con más detenimiento en otros detalles.

Lo primero que notabas al estar a su lado era el olor de un perfume muy fresco, con unos toques afrutados; venía a ser como a una mezcla de mandarina y limón. Sus ojos eran de un tono azul-verdoso que destacaba sobremanera respecto a su pelo castaño, los rasgos faciales eran muy suaves a lo largo de todo el rostro, llamando especialmente la atención los labios. Estos eran gruesos y rosados, que cuando se movían para sonreír dejaban a la vista una sonrisa hechizadora que dejaba a uno completamente atontado.

Tras unos cinco minutos de charla banal post-estival decidí regresar con mi cuadrilla de compañeros para seguir con nuestros asuntos; no era el momento adecuado para saber más de aquella chica; ya tendría tiempo suficiente durante el año. Las primeras semanas tras aquel encuentro no tuvieron nada de especial. De vez en cuando coincidía con ella en algún lugar de la oficina, pero la conversación no pasaba más allá de un “Hola”, “Adiós” o de un clásico socorrido “¿Cómo esta el tiempo?

Durante este tiempo me deleitaba viéndola con los diferentes conjuntos que traía puestos. Viéndola todos los días ante mí me daba cuenta que era una chica sencilla. No solía ir muy maquillada y en su ropa primaba siempre la comodidad, pero sin perder ese estilo propio que la caracterizaba.

Las cosas no pasaron a mayores hasta que el jefe decidió que era el momento de hacer una cena del personal de la sección donde me encontraba. El día elegido fue el 31 de Octubre. Ese día nuestro queridísimo jefe nos dejó irnos más pronto a casa. Una vez allí, me relajé un poco y comencé a arreglarme. Una ducha, un buen afeitado, un poco de aftershave y unas gotas de XS. Toda la gente en la fiesta se veía muy bien, pero como suele ser habitual en mí, llegué tarde a la cena, así que me tocó sentarme en una de las esquinas.

La verdad es que me daba un poco de rabia, porque en el centro suele haber más jaleo y cachondeo. Pero como se suele decir no hay mal que por bien no venga. Mi chica castaña también había llegado tarde a la fiesta, así que iba a tener la suerte de poder cenar a su lado y charlar con ella. A la hora de hablar se le veía muy resuelta y agradable, tal vez un poco tímida, pero también era lógico en una cena de trabajo con gente que no conoces muy a fondo.

Cuando hablábamos había algo en ella que me resultaba tremendamente familiar. A pesar de haber hablado poquísimo parecía como si la conociera de toda la vida. En cierta forma me tenía hechizado; era dulce, cariñosa, inocente, pero a la vez ácida e irónica. Esa extraña mezcla me estaba hipnotizando. Nuestra conversación continuó en los diferentes locales nocturnos en los que estuvimos. Aunque no pasó nada de relevante, el balance de la noche no podía ser mejor, había disfrutado toda la noche de una mujer fantástica. Se notaba que nos entendíamos perfectamente y, sobre todo, daba la sensación que la cosa continuaría.

A partir de ese día nuestros encuentros en el trabajo se hicieron más habituales, no sé si por el azar o porque los dos lo buscábamos realmente. Nuestras conversaciones poco a poco fueron subiendo de tono y empezamos a confesarnos diversos secretillos nuestras fantasías y gustos sexuales. Según me iba contando una de las cosas que más le gustaba era mamarla porque disfrutaba sabiendo el placer que le estaba proporcionado al tío. También le gustaba llevar ropa interior de encaje y coqueta, y le resultaba muy cómodo llevar tanga, pero eso sí, siempre con su pubis algo depilado. No le terminaba de convencer depilárselo entero en plan infantil.

Mientras yo le iba contando algunas de mis peripecias, pilladas sufridas y gustos. Sobre todo le hacía hincapié en que lo que más me gustaba era la provocación, el juego previo a que pasara algo. Ni que decir tiene que un juego que lleve a pasar una noche agotadora. Tras estas confesiones nuestras conversaciones se volvieron más picantes, llevando todos los comentarios un doble sentido.

Un viernes que salimos algo más tarde de lo habitual, por la cantidad de trabajo que había atrasado, la “convencí” para irnos a tomar algo al centro de la ciudad. La llevé a una taberna irlandesa de las que últimamente proliferan por doquier. Cuando entramos se escuchaba por los altavoces U2, la luz era muy tenue, no había mucha gente. El ambiente era ideal para una conversación personal e íntima. Pedimos dos sidras a la camarera y nos sentamos en uno de los sitios más apartados que había. En un visto y no visto se nos hicieron las 23. Mira que se pasa rápido el tiempo cuando se está a gusto con una persona. Entre que no habíamos cenado y el alcohol que habíamos tomado, los dos estábamos algo chispaos. Le dije que ya que estábamos que podíamos cenar juntos y dado que era algo tarde que podíamos hacerlo en mi casa, que no nos pillaba muy lejos de allí. Se lo pensó unos segundos y su respuesta fue afirmativa. Decía que quería ver como tenía la casa, para ver si era un buen partido o no...

Tardamos unos 10 minutos en llegar. Una vez dentro me apresuré a poner un poco de música para ambientar la situación y le enseñé la casa. Menos mal que la tenía algo ordenada y así parecía que era incluso hasta ordenado. En la nevera me quedaba todavía un poco de merluza al horno con bechamel, lo suficiente para que comieran adecuadamente dos personas. Abrí dos latas de cerveza y puse algunas cosas más para picar.

Tras la cena decidimos ver una película. La llevé a la estantería donde guardaba las películas y le dije que eligiera una que todas estaban muy bien. Me acerqué a ella, intentado recomendarle una de ellas, cuando de repente nos quedamos uno enfrente al otro sin decir palabra. Se veía deseo en nuestra mirada. Nos fundimos en un beso largo e intenso, nuestras lenguas comenzaban a juguetear y a entremezclarse con pasión. Tras ese beso, nos quedamos mirando durante unos instantes. No hacía falta decir nada.

Nos fuimos a mi cuarto y nos acostamos. Poco a poco, comencé a besarla por la oreja muy dulcemente, mientras mi lengua empezaba a juguetear con ella. Mis manos acariciaban por encima de la ropa sus tetas, apretándolas firmemente. Poco a poco mis besos iban bajando por su cuello mientras mis manos iban deslizándose por sus piernas poco a poco hacia arriba, hacia su tanga.

Ella se puso encima de mí y comencé a manosearle el culo con frenesí mientras la empujaba hacia mi polla, quería que sintiera lo caliente que estaba y excitarla. Ella también empujaba, se notaba que estaba igual o más caliente que yo. Después de entretenerme con su culo, metí mis manos por la parte de arriba de su top y le empecé a acariciar uno de sus pezones mientras mi boca iba buscando el otro para chuparlo. De vez en cuando se lo mordía porque sabía por nuestras conversaciones que la volvía loca.

No sé cuanto tiempo estuve chupándoselas, cada vez con más pasión porque de solo escucharla gemir me calentaba más. Fui bajando poco a poco hacía abajo hasta quedar delante de su coño. Me moría de ganas por comérselo. Hice a un lado su tanga, y vi que estaba casi completamente depilado. Empecé pasando mi lengua muy lentamente por los alrededores de su coño, quería volverla loca de deseo y lujuria. Poco a poco me fui acercando a sus labios vaginales pasando muy lentamente mi lengua junto con mi dedo.

Llevé mi lengua hacia su clítoris para chupárselo. Se lo lamía y chupaba con dedicación. Mis dedos entraban y salían de su coño primero lentamente, pero después fue incrementando el ritmo. Ella mientras me empujaba con su mano gemía y me provocaba diciéndome que era mi puta y que me la follara de una vez, que tenía el coño encharcado de lo que le estaba haciendo. Se notaba como estaba totalmente extasiada, le empezaron a dar unos espasmos mientras su mano dejaba de apretar con tanta firmeza.

Tras unos instantes de recuperación; tomó la iniciativa. Me tumbó en la cama y empezó a chupármela. Me sentía en la gloria, como me la estaba comiendo. Lo hacía con pasión, disfrutaba haciéndolo. Empezó pasándome la lengua por toda la polla de arriba abajo, mientras con sus manos jugaba con mis huevos. Se la metió en la boca, que sensaciones, subía y bajaba una y otra vez, sin dejar de mirarme con esa mirada lujuriosa que solo ella sabía poner. A ratos paraba, se le veía en la cara como disfrutaba teniendo el control en esos momentos y al escuchar mis peticiones de que continuara, que no se parara ahora. Nunca una tía me había hecho sentir como en esos instantes. Con ese trabajito no pude aguantarme más y empecé a correrme. Ella se lo restregaba todo por las tetas y me miraba con una cara de satisfacción. Si la mirabas fijamente durante un momento parecía que tenía cara de diablesa, pero a la vez de ángel inocente que no había roto un plato. Parecía algo avergonzada, pero a la vez se notaba que quería más.

Siguió chupándomela hasta que estaba listo de nuevo, se puso encima de mí con las piernas abiertas, dejándose caer sobre mi polla y diciéndome que me parecía como entraba la polla en su coño. Que cachondo me pusieron esas palabras. Se movía hacia delante, hacia atrás, a veces haciendo círculos, pero todo muy lentamente. Se notaba fantástico, nadie diría viéndola a primera vista que podía ser una chica tan pasional y caliente. Se echó un poco hacia delante para que pudiera comerle las tetas. Se las chupaba y sobaba sin descanso, me estaba volviendo loco, le metí un dedo por el culo mientras ella seguía moviéndose. Parecía gustarle mi idea por la sonrisa que me lanzó mientras lo hacía. Me separé de ella, y la puse boca arriba en la cama, acercándola al borde, mientras me ponía de pie. Jugueteaba con mi polla y su coño, metiéndosela y sacándola. Su coño chorreaba. Era todo un placer el ver sus caras y oír sus gemidos. Tras un rato se la metí de golpe y empecé a moverme más rápido. Mientras ella se sobaba las tetas y no cesaba de decirme que se la metiera más. Al cabo de un rato se notaba que estaba a punto, sus piernas me llevaban hacia ella y no cesaba de gemir y pedir más. Mmm, que sensación escuchar su respiración agitada y ver su cara mientras se corría, ya no podía más, necesitaba correrme.

Nos quedamos un momento abrazados mientras recuperábamos el aliento. Por nuestras miradas para los dos había sido sublime y por como comenzó a besarme, eso solo había sido el principio.